Mujeres apuñaladas

 In Columnas

Tres mujeres fueron apuñaladas cobardemente en una marcha la semana pasada, y pareciera que a muy pocos le importó. Tres mujeres fueron apuñaladas, pero no por las razones por las que siempre sufrimos ataques: por celos, por abuso sexual, asaltos, o simplemente por ser mujeres. Lo más grave es que esta vez, tres mujeres fueron apuñaladas por salir a la calle a expresar su opinión, por defender lo que consideran justo y por exigir lo que encuentran indispensable.

Esto no se trata de una defensa al fondo de las posturas de quienes estaban marchando. Da lo mismo si estamos a favor o en contra del aborto, o si nos gustan o no los mecanismos por los cuales todas esas mujeres – y los hombres que las acompañaban – decidieron protestar. Nada de eso importa, porque un grupo de intolerantes, incapaces de entender el valor de la discrepancia en democracia, consideraron que la “desfachatez” de estas mujeres merecía un ataque violento.

Lamentablemente, este tipo de situaciones no son nuevas. Desde las suffragettes en el Reino Unido, pasando por cada uno de los grupos de mujeres que han luchado por el avance (de derechos, se han visto respuestas agresivas por parte de quienes se oponen a estos cambios. En el tema del aborto, donde hay posiciones legítimas de lado y lado, hay quienes creen que la forma de resolver la controversia es a través de la violencia contra las mujeres que lo proponen. Yo no lo creo. En este tema, como en muchos otros, las diferencias se resuelven en la arena democrática, discutiendo en paz.

Entre las “contra-protestas” a la marcha, había grupos autodenominados “nacionalistas patriotas”, lo que es simplemente una forma burda de eludir su carácter neonazi. La existencia y operación de estos grupos debiera ser motivo de alarma. No es sano ni seguro que se permitan este tipo de acciones por parte de grupos que no creen en los espacios democráticos, que bajo el slogan de la “anti-política” esconden sus instintos cavernarios y antidemocráticos. Chile tiene una larga tradición de estos grupos, pero por años se han mantenido al margen sin afectar mayormente los valores democráticos. Sin embargo, en esta ocasión (y al menos hasta el momento de escribir esta columna), nuestras policías no han identificado a nadie como responsable de estos terribles hechos. Sin duda, esto me llena de preocupación.

El sistema democrático no puede darse por sentado. Así como las relaciones de años, se construye día a día, con paciencia y dedicación. Dentro de ese marco vamos a tener siempre peleas, desacuerdos y diferencias esenciales. Sin embargo, tenemos que tener siempre en mente que la convivencia democrática va primero y que no tiene sentido romperla. Quienes proponen discursos haciendo apologías a la violencia, denigrando los derechos del resto, o proponiendo el quiebre de nuestro entendimiento democrático, son también responsables de estos hechos. No me interesa prohibir la libre expresión de nadie, pero sí hacer responsables a quienes alimentan a estos grupos con discursos de odio y populismo. Por esas tres mujeres apuñaladas, creo que es hora de parar.

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