¿El inicio del verano legislativo?

 In Columnas

El pasaje del primer trámite de la ley de presupuesto es, hasta ahora, el mejor ejemplo de buena acción legislativa del año. Pero no sólo por la destreza del gobierno, sino que por la disposición de la oposición.

Una de las principales dudas que teníamos luego de la elección del 2017 era cómo se comportaría este nuevo Congreso. No sólo se trataba de un cambio bastante importante de la composición política del Congreso, con la irrupción del Frente Amplio y el cambio de equilibrios en la derecha (donde RN pasó a ser el partido más grande y Evópoli obtuvo mejores resultados de lo esperado). Además, el cambio en el sistema electoral y en las leyes de financiamiento permitieron la entrada de un Congreso más joven, con más caras nuevas y, por tanto, más inexperto.

Esa misma inexperiencia, sumada a un desorden completo en lo que queda de la Nueva Mayoría, ha permitido al gobierno navegar con relativa calma, aunque no sin grandes tropiezos. Pero la prueba de fuego de cada gobierno es el paso de su primera ley de presupuesto, porque permite comprender cómo manejan los tiempos y ritmos legislativos, además de la construcción de confianzas en todos los sectores. Lo sorprendente es que en la aprobación del primer trámite fue una lección de todo lo que nos gustaría ver en lo que queda de este gobierno.

Por el lado del oficialismo, operó una estrategia clara de coordinación y contención. Pero además, el oficialismo – y esto es mérito del equipo ministerial – supo escuchar las inquietudes de los suyos y los del frente. Este no fue un primer trámite en que hubo parafernalia legislativa, aprobaciones simbólicas de partidas completas por $1.000, o alguna de las estrategias efectistas del pasado. Es más, desde el punto de vista noticioso fue un trámite más bien plano, poco atractivo. Eso mismo es lo que lo hace interesante.

La gran sorpresa la dio, según reportan los medios, el rol que cumplió el Frente Amplio, en especial Giorgio Jackson, en la negociación prelegislativa. El representante y su conglomerado fueron invitados por primera vez a negociar los principales acuerdos antes que el proyecto llegue al hemiciclo de la Cámara Baja. A pesar de que esta instancia se encuentra medianamente institucionalizada en la tradición de nuestro país, no representa un seguro ante los potenciales intentos de torpedear la negociación más adelante. Sin embargo, el trabajo del equipo del FA permitió un paso tranquilo de la ley, no son menores concesiones por parte del gobierno.

El aire nuevo al Congreso parece haber traído dos cosas, una esperable y otra inesperada. Lo inesperado es que los acuerdos parecen más probables en un escenario de mayor fragmentación y donde los extremos políticos se encuentran mejor representados. Parece ser que, al final del día, no era mala idea traerlos a todos a la mesa. Parece que los comensales de siempre ya no tenían ganas de conversar.

Lo esperable era que, después de 4 años en el Congreso, los líderes del Frente Amplio aprendieran el valor de un trabajo legislativo serio y fuera de obstruccionismos infantiles.

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